YA HAS CAÍDO, CABRÓN
YA HAS CAÍDO, CABRÓN Nos regalaron tres días sin colegio porque había muerto Franco, yo tenía diez años y se me dibujó una sonrisa de oreja a oreja que disgustó a la maestra porque dijo que no eran días de fiesta sino de luto. La señorita Mari Carmen, se enfadó tanto que no me atreví a preguntarle que significaba luto y nos mandaron a casa. Los alumnos bajamos las escaleras del colegio, recién estrenado, como siempre en absoluto silencio y con paso marcial y sincronizado, en dos filas, pegados unos a la pared y otros al paso manos junto al hueco de la escalera, mientras que en los descansillos nos vigilaban los maestros cariacontecidos, aunque algunos de ellos extrañamente sonrientes en un velado gesto de complicidad que tardé años en comprender. Al llegar a casa, mi madre ya había regresado del mercado semanal de todos los jueves y sobre la mesa de la cocina y de manera ordenada estaban las verduras y frutas de temporada que ella almacenaba en la nevera y en el arma...